domingo, 21 de febrero de 2016

¿QUÍEN TIENE HAMBRE AHÍ? (parte I)


Comer es un acto que tenemos que realizar entre tres y cinco veces al día para sobrevivir y por muchas diferentes razones, casi siempre realizamos de modo automático y con cierta rapidez, a no ser que tengamos una comida de trabajo, donde lo que menos importa es la comida.

Y en muchos casos este automatismo nos lleva a comer sin saber ni qué ni por qué comemos, sin embargo, si prestamos atención al acto en si, podemos descubrir que comer es uno de los actos más enriquecedores y sensuales que realizamos al día, aunque sea una simple ensalada.

Mi querida maestra y amiga, Jan Chozen Bays, gran profesional de Alimentación Consciente, describe en su libro COMER ATENEOS el hambre en 8 tipos. Si habéis leído bien. Tenemos 8 tipos de hambre y estos son: hambre visual, hambre olfativa, hambre bucal, hambre auditiva, hambre estomacal, hambre celular, hambre mental y hambre de corazón.

El hambre visual, es ese hambre que aparece cuando ya hemos terminado de comer y estamos bien, relativamente llenas, y aparece el carrito de los postres, y ¡¡¡tachan!!! Hay una maravillosa tarta de zanahoria con su frost mirándome cara a cara y diciéndome “cómeme” “cómeme”. O cuando por ejemplo llegamos a un restaurante y mientras estamos decidiendo qué pedir, pasa un delicioso plato por delante con una melanzzane gratinada humeante recién salida del horno. A lo mejor en ese momento nuestro hambre celular es normal, sin embargo se nos antoja ese plato por los ojos.

Ya conocéis esa famosa frase de las madres “es que mi hijo come por los ojos”. Y muchas veces decidimos la cantidad que vamos a comer por los ojos. Miramos al plato que esté razonablemente lleno y ¡voila!. Pues bien, ese es el hambre visual.

Y la vista ¿de que más se alimenta además de comida?. Pues bien, la vista se alimenta de belleza. Lo que la atrae es la belleza, la armonía, los colores, la variedad, las diferentes texturas, etc. Prepararnos la comida bonita en el plato, alimenta nuestra vista. Ponernos una mesa bonita, con mantel, una vajilla bonita, e incluso alguna flor o vela, como si fuese a venir un invitado a comer, nos alimenta la vista. Y nos predispone a comer de otra manera. Pero voy más allá de la comida. Pararnos a contemplar un árbol o el las hojas en otoño alimentan nuestra vista. Nos calma, nos trae armonía al cuerpo y además de alimentar nuestra vista, alimentamos también nuestro corazón.

Después está el hambre olfativa. El olor nos evoca sensaciones que van mucho más allá de la comida. ¿Cuántas veces vamos a comer a casa de nuestra madre y ya podemos oler las hoyas desde el ascensor? ¿Olemos comida u olemos hogar? O ¿cómo identificamos los olores de la canela y galletas de jengibre cuando se va acercando la Navidad? . La nariz es un elemento clave para ensalzar la comida. Y bien lo podemos comprobar cuando estamos resfriadas o con gripe. La comida apenas nos sabe a nada, por lo que llegamos mucho antes al aburrimiento. El olor es el preámbulo necesario para el sabor o el gusto. Sin olor, se pierden las sutilezas del sabor y la comida se convierte en algo que hay que consumir porque el cuerpo necesita combustible. Y esto lo sabe la industria alimentaria, y bien se encargan de potenciar ciertos olores que saben que nos animarán a comer más.

Por lo cual, si en cada bocado nos paramos a apreciar todos los matices diferentes de la comida, apreciando, las especies, las hierbas, el contraste de los olores, nos ayuda una vez más a alimentar nuestro olfato, a ensalzar bocado a bocado la comida deliciosa que tenemos delante y, como no, de alguna forma, acabaremos también alimentando nuestra alma.

Y ahora pasaremos hablar del hambre bucal. Una de las hambres más demandantes, por decirlo de alguna manera. Es el deseo de la boca de sensaciones placenteras. Y estas varían dependiendo de la persona y del entorno, tradiciones culturales, condicionamiento, etc.

Pero hay algo que caracteriza a la boca en concreto que es el principal foco de placer. En la boca se encuentran las cinco diferentes papilas gustativas. El dulce, salado, ácido, amargo y el umami, un sabor que se identifica con lo proteico o aminoácidos. Cinco estímulos diferentes que cuando entra algo de comida o bebida en la boca se ponen todos en marcha. Yo lo identifico como un grupo de música. Todos tocan sus piezas y todos complementa y acaban componiendo una melodía única y muy placentera si estamos conectados a ella. La batería, el bajo, la guitarra, los teclados y la voz. Todos componiendo al unísono un momento que puede ser realmente placentero. Pero la mayoría de las veces, cuando estamos comiendo, estamos más conectados a lo que vamos a poner en el siguiente tenedor que lo que está pasando en la boca. Es decir al hambre visual, que al bucal. Por lo cual nos perdemos la esencia de la melodía. Lo más importante.

Por otro lado, como la boca está muy acostumbrada al estímulo, cuando no lo tiene se aburre pronto y está siempre buscando algo nuevo. Es decir, si por la boca fuese, no pararíamos nunca de comer pasando de un sabor a otro que la mantuviera entretenida.

Si queremos sentirnos satisfechos al comer, la mente ha de ser consciente de lo que sucede en la boca. En otras palabras, si quieres disfrutar de una fiesta en la boca, debes de invitar la mente al banquete. Traer la conciencia. Estar conectada. Y estar atenta pues la boca siempre pide una segunda ración. Y una tercera. Y una cuarta, sobre todo si los sabores son cambiantes.

La clave para satisfacer el hambre de boca está en estar presentes en la fiesta que hay en ella. Esto significa situar al concentración de la mente en la boca y abrir la conciencia a todas las texturas, movimientos, olores, sonidos y sensaciones gustativas al comer y beber. En definitiva, comer con consciencia y curiosidad.

Y por último en esta entrega, vamos a hablar del hambre estomacal. ¿Qué señales emite el estómago cuando tiene hambre? Hay gente que dice que el estómago habla, que gruñe, otras que hay una sensación de vacío, como un agujero que necesita ser rellenado. Otra experimentan opresión. Y casi todos coinciden en que se trata de sensaciones poco agradables. Y esto está bien, pues si no recibiéramos señales de que tenemos hambre, podemos morir. La historia aquí es que el estómago no nos da ese tipo de señales. El estómago da señales de plenitud (estar lleno) o vacío. Que no necesariamente tienen que ver con el hambre celular. Ese hambre que sentimos si hemos desayunado a las siete de la mañana y son las cuatro de la tarde y todavía no hemos probado bocado.

La idea de que el estómago nos avisa de cuando tenemos que alimentarlo no es correcta. En realidad, somos nosotros los que le decimos al estómago cuándo tener hambre. Y esto se produce a través de nuestros hábitos alimentarios. Cuando comemos tres comidas al día siguiendo horarios regulares, el estómago se condiciona a esperar comida en esos momentos. Prueba de ello son esas personas que hacen ayunos más de tres días. Está comprobado que ahí, los retortijones y gruñidos estomacales desaparecen. Lo que es mucho más importante y fundamental es que aprendamos a sentir el hambre celular o corporal. Ese hambre que nos indica que estamos bajos de azúcares, minerales y nutrientes y que a nuestro cuerpo se le está acabando la batería o gasolina para poder realizar la siguiente tarea. Por ello es muy importante una vez más estar conectados con las señales de hambre de todo el cuerpo, no solo las del estómago.

Si al estómago lo llenamos de palomitas y una bebida de cola en el cine, se sentirá lleno, pleno. Sin embargo nuestro cuerpo seguirá echando en falta minerales y nutrientes para poder realizar la siguiente tarea y de ahí viene muchas veces el nos sentirnos con fuerzas o demasiado cansados.

Y por otro lado, es conveniente distinguir entre el hambre estomacal y el hambre emocional, pues ambos suelen tener los mismos síntomas físicos en el cuerpo. La ansiedad y preocupación, en muchos casos se manifiestan físicamente en el estómago. Si no estamos bien conectadas con lo que nos está pasando, podemos confundirlo y esto nos llevará a comer sin necesitarlo realmente. Y de ahí puede surgir la culpa y la vergüenza por haber comido en exceso, con la única intención de aliviar un malestar creyendo que la solución está en el estómago.

Para ello, lo mejor sería sentarnos y ocuparnos de nosotros mismo de manera adecuada. Trabajando con la ansiedad desde su lugar de origen. Agradeciendo al estómago las señales que nos envía de que algo no va bien, pero ocupándose del problema en su lugar de origen. 

Por todo esto, lo más importante siempre es estar consciente, presentes y conectados con nuestro cuerpo, pues desde ahí, se vivirá con mucha más riqueza e intensidad todo lo que hagamos.

En la próxima entrega hablamos del hambre celular, mental y sobre todo, el hambre de corazón, que es el principal motivo de la gran hambruna de este nuestro primer mundo.

CEGADA POR LA LUZ DE LA NEVERA, por Char Wilkins

El otro día entré en casa, me dirigí directamente a la nevera y abrí la puerta. Madre mía, todo estaba tan luminoso ahí dentro que me deslumbré.
Cerré la puerta otra vez, pero algo dentro de mi me hizo volver a abrirla. Realmente sentía que necesitaba comer algo…

¿Qué quería?  ¿Qué necesitaba?  Recorrí una a una las estanterías de cristal repletas de comida con la esperanza de dar con lo que necesitaba comer. Necesitaba algo más que aire fresco y luces brillantes pero… pero nada en esas estanterías parecía satisfacer mi necesitad. No se si sabes a lo que me refiero.
Necesitaba algo en ese momento. ¿Por qué no podía ver lo que era? Había sido uno de esos días en que todo el mundo necesita algo de mí: mi atención, mi firma, mi decisión, mi tiempo… Cerré la nevera de un portazo, y todavía con mi mano sujetando e mango de la puerta como si fuera la linea de mi vida.
Estaba a punto de volver a abrir la puerta de nuevo cuando me di cuenta de que sentía enfadada: necesitaba comer algo y sin embargo nada de lo que había ahí me apetecía, nada era lo suficientemente bueno, nada parecía consolarme.
No sabía lo que quería comer…

¿Alguna vez os habéis encontrado mirando fijamente a la nevera, la despensa, las estanterías de una gasolinera o recorriendo de arriba abajo los pasillos del supermercado, queriendo algo, pero sin encontrar nada que os satisfaga?
¿Abriendo y cerrando la puerta de la nevera?. Cerrando de un portazo a las puertas de la despensa. De pie en un pasillo mirando a la bolsa de patatas que acabas de coger, y poniéndola de nuevo en su sitio, para a continuación, coger la siguiente bolsa y observando sus colores brillantes pero casi sin realmente ver, para continuación, volver a ponerla en su sito. Buscando algo para comer, sin sentir  hambre si quiera.

¿De verdad? ¿Nunca te has sentido así? ¡venga! ¡todo el mundo ha hecho esto en algún momento!
Cuando estamos cansados, enojados, tristes, aburridos, muertos de miedo o de vergüenza buscamos comida para calmar, sentirnos mejor, desconectar, recompensar, castigar o distraernos.
Este uso equivocado de la comida no es tan único, porque somos seres humanos y este es un hábito de la mente.

Mi colega Jan Chozen Bays impartió recientemente un curso de Alimentación Consciente en la red de 6 semanas patrocinado por Shambhala Press. Al responder a una persona que escribió que se iba a quedar delante de la nevera hasta que sus ojos y su boca se pusieran de acuerdo en determinar cual era ese “sublime bocado”, Jan escribió: "Una cosa en la que siempre me pillo y que me hace mucha gracia es hurgando en todos los rincones de la despensa sin encontrar nunca nada que me apetezca“.
Y ese es mi aprendizaje, que no lo encuentro porque lo que siento en ese momento no es hambre celular si no otra cosa.
Y acto seguido chequeo… ¿quién realmente tiene hambre aquí?
Char Wilkins, EE.UU.
(Traducido por Cuca Azinovic)
me-cl blog 

Para terminar, os invito a ver un vídeo de 10 minutos que os ayudará a profundizar en este hábito que hemos construido inconscientemente...

Buena semana a todos!

jueves, 17 de diciembre de 2015

6 Tips para Evitar los Atracones en Estas Fiestas

LLegan las fiestas Navideñas, los encuentros familiares y las celebraciones y tenía pensado escribir un post para esta época, sin embargo, leyendo el de mi compañera de profesión Lilia Graue, creo que no puede estar mejor expresado, así que en señal de agradecimiento por su años de dedicación y trabajo en Alimentación Consciente, os dejo con su post y con su página web, para que podáis seguir en contacto con ella http://www.mindfuleatingmexico.com/

 


A continuación te comparto algunos tips de Carolyn Coker Ross para evitar los atracones y recuperar el verdadero significado de estas fiestas. 



#1 Evita el pensamiento blanco o negro
Si luchas con tu relación con la comida, es muy probable que te descubras atrapada(o) acercándote a las fiestas como una situación de todo o nada, ya sea haciendo dieta y restringiendo o yendo al otro extremo y teniendo atracones, prometiendo ponerte a dieta después de Año Nuevo. Comer con atención plena es una forma más saludable de acercarte a la comida, permitiendo que la sabiduría de tu cuerpo te diga qué y cuánto comer.


 
#2 Practica comer con atención plena
¿Cuándo fue la última vez que comiste pasta o puré de papa? ¿El postre está prohibido? Muchas personas, especialmente quienes tienen una historia de hacer dieta, se han comprado el “fenómeno de la mala comida” etiquetando ciertos alimentos como ‘buenos’ y otros como ‘malos’. No existen alimentos malos. Lo único ‘malo’ (en el sentido de que hace daño) es la forma en que usamos la comida. Si utilizamos la comida para alejar la tristeza u otras emociones, para adormecernos, para lidiar con el estrés, la depresión o la ansiedad, para castigarnos, la estamos usando para el propósito equivocado. Ningún alimento en ninguna cantidad va a saciar el hambre del corazón.

En vez de establecer reglas rígidas que categorizan a los alimentos como buenos o malos, come los alimentos que disfrutes con atención plena. Esto podría sonar como luz verde para atracarte de ciertos alimentos, pero en realidad comer con atención plena es lo opuesto a como muchas personas comen en las fiestas. Implica bajar la velocidad, poner atención a todos tus sentidos al comer, y percatarte de las señales de hambre y saciedad de tu cuerpo.

Cuando comemos con atención plena, habitualmente comemos menos porque estamos satisfaciendo todos nuestros sentidos – vista, oído, olfato, gusto y tacto. Podemos elegir comer ciertos alimentos reconfortantes, pero estaremos más conscientes de cómo esto se conecta con nuestras emociones. Está bien comer el flan de la abuela y gozar los recuerdos de tu relación con ella, manteniéndote consciente y disfrutando plenamente cada bocado, además del recuerdo.


 
#3 Encuentra formas saludables de nutrir el hambre del corazón
Las fiestas pueden evocar ciertos recuerdos y sufrimientos. Algunas personas están lejos de seres queridos y extrañan los viejos tiempos, mientras que otras luchan con sus relaciones con miembros de la familia con quienes pasan las fiestas. En vez de enterrar tus sentimientos debajo de la comida:

  • Date tiempo y espacio para identificar lo que estás sintiendo
  • Pon atención a cómo tus sentimientos te llevan a comer en exceso
  • Encuentra un lugar o persona para expresar tus emociones en forma segura, sin miedo de juicios ni vergüenza
  • Crea una estrategia de manera anticipada para lidiar con las emociones en situaciones difíciles; por ejemplo, cuando tus familiares o amigos hagan comentarios acerca de tu peso, tus hábitos alimentarios o te presionen a comer
  #4 No hagas dieta
Las fiestas son una temporada en la que es aceptable involucrarse en hábitos poco saludables. Muchas personas “ahorran” todas sus calorías en los días u horas previos a la cena de Navidad o Año Nuevo. Para cuando se sientan a comer, están explotando de hambre y no pueden permanecer en atención plena al comer. Por otra parte, las fiestas son también ocasiones para beber alcohol en exceso, lo cual puede afectar tu capacidad para regular impulsos y discernir de manera clara tus necesidades físicas y afectivas.

Hacer dieta durante esta temporada es el camino idóneo para terminar en un atracón. En vez de saltarte comidas y después comer en exceso, es importante nutrirte escuchando a tus señales internas de hambre y saciedad.


 
#5 Da significado a las fiestas
Es difícil mantenernos ecuánimes durante las fiestas porque han perdido su significado. Si podemos restaurar el sentido, podemos recuperar el gozo y la gratitud de las comidas y celebraciones.

Aún si las fiestas se han tratado sólo de comer y beber desde que eras niña(o), nunca es tarde para crear nuevos rituales que representan quiénes somos ahora. Ya sea cocinar como familia, dar las gracias por la comida (en el boletín pasado te compartí una meditación de gratitud), dar un paseo después de cenar o encontrar gozo en actividades que no giren en torno a la comida serán una salvaguarda contra los atracones.


 
#6 Obtén ayuda para tu trastorno por atracón
Date el mejor regalo en estas fiestas: salud. Es importante reconocer que un trastorno alimentario, como lo es el trastorno por atracón, te aísla de tu familia y amigos, creando distancia emocional. Con el estrés de ciertas emociones y dinámicas familiares complejas, los síntomas del trastorno por atracón con frecuencia empeoran durante estas fiestas.

 

jueves, 29 de octubre de 2015

PIZZA Y APARTE...

Mi novio tiene la costumbre de comer pizza muchas veces para cenar. Lo que para mi siempre ha sido tabú, prohibido, veneno, él come con la mayor normalidad del mundo. De hecho lo clasifica como "algo ligero". Pero lo cierto es que no se come cualquier pizza. Se molesta en encargarla en su restaurante favorito de Madrid, recogerla personalmente, y cuando llega a casa le da un último golpe de horno con algún añadido casero que suele ser cayena o aceite picante. Y lo mejor de todo: No necesariamente se la come entera. Cuando se siente satisfecho a todos los niveles, deja de comer. Y si ha sobrado mucho, lo congela y para la próxima vez.

Pues bien, yo ayer hice el experimento de pedir pizza para cenar. Llevaba días dándole vueltas y anoche decidí que me iba a comer una pizza conscientemente. Observándome, conectada con mi cuerpo y disfrutando del momento sin críticas ni juicios. 
Y descubrí que hay maneras y maneras de comer pizza. Y yo, todavía ayer, incluso con todos los cursos de alimentación consciente que he dado, la comí desde lo prohibido.
La pedí en Telepizza, de verduras. Llegó casi fría pero no la calenté. Me senté a comerla y estaba sosa. Así que eche un chorrito de aceite picante y continué comiéndola. Al principio con las manos, pero luego decidí coger cuchillo y tenedor para comerla mas lentamente. Había una clara tendencia a comerla rápidamente y note en mi cuerpo una excitación y mucha inquietud en mi mente que me impedía centrarme en esa sola cosa, esa cosa que siempre he anhelado: en comer, saborear y disfrutar comiendo una pizza como cualquier persona. 
Podía más el factor prohibido que durante casi 30 años he cultivado en mi mente que centrarme en el momento presente sin más. 
Hacia la mitad, ya estaba llena, pero seguía pudiendo más el "efecto prohibido" que en este caso se traducía como "para una vez que la comes, ve hasta el final" que el cuidarme en mi cuerpo, en mi tripita y en mi nivel de satisfacción.
Y curiosamente,  cuando terminé con la pizza, mi mente, desde la excitación, no podía parar de buscar algo más que comer. Algo más prohibido... "ya que se ha abierto la veda...".

Pues bien. Me costó un montón poder dormirme. Mi estomago hoy se siente pesado y un poquito dolorido. Y el nivel de energía en mi cuerpo, bajito. No por la culpa que a diferencia de otras veces, no siento nada. Pero si porque los alimentos, nutrientes y minerales que le dí a mi cuerpo ayer no eran precisamente lo que mas energía me proporcionan, sobre todo por las cantidades en que se las dí. 
Quiero compartir esto con vosotros porque cada vez estoy mas convencida de que Comer Conscientemente es el camino. 
Para mi, este ejercicio ha sido muy liberador. Y me quita un gran peso de encima. La clave de todo ello hoy es: COME LO QUE TU CUERPO NECESITA, no lo que tu mente desea. Y desde ahí, no hay bueno/malo, correcto/incorrecto, permitido/prohibido. Desde ahí hay una enorme sabiduría esperando poder aflorar, esperando poder ser escuchada. La sabiduría de nuestro CUERPO.

Os dejo con las pautas de Geneen Roth:
Come cuando tengas hambre
Come lo que tu CUERPO quiere (no tu mente)
Para cuando hayas tenido suficiente
Come sentada
Come sin distracciones
No comas nunca a escondidas
Come disfrutando, saboreando, con placer 


lunes, 27 de octubre de 2014

Un templo llamado CUERPO

 
"La iglesia dice: el cuerpo es un pecado.
La ciencia dice: el cuerpo es una máquina.
La publicidad dice: El cuerpo es un negocio.
El cuerpo dice: Yo soy una fiesta ".-
Eduardo Galeano, Walking Words

Estamos acostumbrados a vivir siempre en la mente y la mente es la que suele regir nuestras vidas. Ayer leía una frase de James Allen que apuntaba: “Has llegado hoy hasta donde tus pensamientos te han llevado, y mañana llegarás hasta donde tus pensamientos te lleven”.
Y es que la mente juega un papel muy importante en nuestras vidas. Los seres humanos nos distinguimos del resto de mamíferos precisamente por nuestro uso de las capacidades mentales.
Sin embargo, quedarnos solo en la mente es vivir la vida de una manera muy limitada. Nuestra mente, y en concreto nuestro cerebro proviene del cerebro reptiliano, donde se encuentra el instinto de autopreservación y agresión, que posteriormente evolucionó al cerebro intermedio donde se haya el sistema límbico y las emociones para acabar en el cerebro racional o neocórtex que hoy en día usamos, donde se procesan todas las tareas intelectuales.
¿Que quiero decir con todo esto? Pues como decía mi profesor de Mindfulness, el Dr. Ronald Siegel: nuestro cerebro (el tuyo, el mío y el de todos) es velcro para lo malo y teflón para lo bueno. Estamos diseñados de serie para protegernos, es decir, atacar o para huir. Y es por esto que pasamos la mayor parte de nuestra vida en lo malo, elaborando sobre las preocupaciones, anticipándonos a lo que pueda pasar, o arrepintiéndonos de lo que fue y de lo que no pudo ser.
Y debido a todos esto, pasamos la mayor parte de nuestra vida haciendo uso de la mente pero se nos olvidan los demás invitados a este baile de la vida. Y el verdaderamente importante, el de honor, es nuestro cuerpo.
Yo vengo de una familia eslava con un carácter bastante fuerte donde todos crecimos con la creencia de “No hay dolor”. Y como yo interpreté desde pequeñita esto, es que hay siempre que tirar para adelante ante cualquier dolencia. Afortunadamente no es que haya tenido muchas enfermedades graves en mi vida, pero siempre he entendido el cuerpo como un vehículo para llegar a donde quería. Si le faltaba gasolina, se la ponía en cualquier estación y a seguir. Revisiones de ITV humana anuales y si todo bien, que solía estar bien, cerraba carpeta hasta el año siguiente.
 Sin embargo, a través Atención Plena (Mindfulness) y de la Alimentación Consciente (Mindful Eating) he ido poco a poco entendiendo que el cuerpo es mucho mas que un vehículo o una talla de vaqueros para poder estar mona.
Gracias a nuestro cuerpo estamos aquí. Sin él, nuestra vida no es vida. Es decir, sin cuerpo, no hay vida. Cuando no funciona, nada a nuestro alrededor funciona. Y cuando funciona, cuando nos sentimos bien, somos capaces de alcanzar la luna con las manos.
Tratar a nuestro cuerpo con amor y cuidado no sólo aumentará nuestro amor propio, sino que nos aportará un subidón de energía. Pongamos atención e intención en lo que le damos a nuestro cuerpo, no sólo porque nos queremos ver bonitas, sino porque nos queremos y nos queremos sentir bien. Alimentar nuestro cuerpo con alimentos ricos en nutrientes nos hará rebosar amor por todos los poros.
Para aprender a escuchar el cuerpo, como con cualquier escucha atenta, hace falta silencio, hace falta provocar momentos de encuentro.
Y ¿Cuándo podemos crear esos momentos de encuentro? Para mi, los tres momentos clave de encuentro con mi cuerpo diarios son a través de la meditación, cuando me alimento y cuando hago ejercicio.
Tanto en la meditación de respiración (Mindfulness) como en la meditación activa (yoga) o cualquier actividad de conciencia corporal, el cuerpo comunica su estado. Cuando a los pocos minutos de sentarme en el zafú consigo acallar la mente, el cuerpo empieza a hablar y los dolores o incomodidades empiezan a surgir. Y el latido del corazón se empieza a oír. Y me va hablando diciéndome lo que necesit para ese día, lo que el día anterior no le dí o de lo que lleva tiempo careciendo.
A través de la alimentación, además de darle el combustible básico que necesita, comprendo que alimentos le saben bien, cuales le sientan mejor y cuales le van a ayudar da sacar el día adelante con energía y buen ánimo.
Cuando se desarrolla una actitud en la cual nos responsabilizamos de la información interna qué proporciona nuestro cuerpo, los hábitos perjudiciales como el sedentarismo o la alimentación desequilibrada se modifican no por "deber" sino para disfrutar de más bienestar interior. Desarrollar una mirada de amor hacia el cuerpo no significa determinar si el cuerpo es bello o es feo, sino volver a casa para cuidar lo que es nuestro, lo que somos y nos vincula a la vida.
Y con la actividad física, en mi caso es la carrera, que es seguramente el momento en el que mayor presión le meto, es cuando mi cuerpo y yo nos volvemos uno y la comunicación es simultanea. La mente muchas veces quiere colarse repitiendo frases como: “ya has hecho mucho hoy” “hoy estás corriendo peor que nunca, no tenías que haber salido de casa” “me siento super pesada” “como me está costando” “no se si parar ya” “total, ya has corrido un día esta semana, no hace falta más”, etc., etc., etc. Pero el cuerpo sigue, silencioso, paso tras paso avanzando. Incluso a veces con mayor rendimiento de lo que mi cabeza puede percibir por todo el ruido mental de mis “saboteadores”, esos pequeños gremlings que todos tenemos que nos invitan a vivir permanentemente en nuestra zona de confort.
 Y aquí me permito insertar las sabias palabras de mi profesor de meditación y yoga, Gustavo G. Diex:
“No te involucres en una competencia contigo mismo, y si así lo haces, nótala y déjala ir. El espíritu del trabajo es el espíritu de la aceptación de uno mismo en el momento presente. La idea es explorar tus límites suavemente, con cariño y respeto a tu cuerpo. No es intentar romper los límites de tu cuerpo por querer transformarlo en un ideal. Eso puede ocurrir en forma natural si mantienes la práctica pero si tiendes a forzarte más allá de tus limites del momento en vez de relajarte en ello, puedes terminar dañándote. Esto simplemente podría hacerte retroceder y desanimarte sobre el mantener la práctica, en cuyo caso podrías encontrarte culpando al trabajo en ved de ver que fue tu actitud de intentar lograr algo la que te llevó a excederte. Ciertas personas tienden a entrar en un círculo vicioso de excederse cuando se sienten bien y con entusiasmo y luego no poder hacer nada durante un tiempo y desanimarse”.
Para esta temporada os propongo que cada una desarrolle su ritual de comunión con el cuerpo, para aprender a quererle y cuidarle como si fuera nuestro bien mas preciado… ¡que lo és!

martes, 16 de septiembre de 2014

Reto: Construye tu propio bienestar ¿Percepción o Realidad?

Mi amiga Mar y yo hemos empezado la nueva temporada escolar muy energetizadas y con muchas ganas de cuidarnos. Así que tenemos un reto entre manos muy divertido: 12 meses para crear nuestro propio bienestar, cada una el suyo, pero compartido que siempre es más divertido, gratificante y aporta más aprendizaje. Pues bien. El mes de Septiembre está dedicado a retomar contacto con nuestro cuerpo y nos hemos propuesto convertirnos en "mujeres que corren" (lamento decirlo pero suena mejor runners). Así que empezaremos oficialmente el próximo 27 de Septiembre corriendo la Carrera del Corazón, que son 5 kilómetros. Esto como preámbulo de la San Silvestre que nos espera en Diciembre.
Y poquito a poco hemos empezado a entrenar utilizando principalmente el sentido común y poniendo mucha conciencia y mimo en nuestro cuerpo.

 


En el pasado, Mar había hecho leves intentos entre corriendo y andando, por lo que alcanzar casi 4 kilómetros seguidos en el primer día de carrera fue para ella algo increíble. Único. Un kilómetro más y ya lo tenía conseguido. Nunca se pudo haber imaginado que era capaz de tanto solo con poner la intención. Con lo que queda demostrado que el límite no está en el cielo sino en la cabeza.
Pues bien, este domingo, como premio a lo bien que se encontraban nuestros cuerpos, decidimos salir otra vez a correr. A favor nuestro estaba que era voluntario, era domingo por lo que nuestro cuerpo estaba mas descansado e íbamos juntas, que eso siempre anima y motiva, en contra, que era un pelín más tarde que el horario normal y el calor y el sol apretaban más de lo normal.
Lo cierto es que hubo un tramo que las dos echábamos el higadillo, o por lo menos eso creíamos. Ambas sentíamos que estábamos corriendo peor que nunca, más lentas, más pesadas, cargadas de saboteadores suavemente susurrando en nuestros oídos... "no puedes, párate ya, total... no pasa nada, tu compromiso son dos días... no tres, estas agotada.... etc, etc, etc".
Pues bien, llegamos y no sólo eso, si no que marcamos el mejor tiempo desde que hemos empezado. Nuestra percepción, la de ambas, era que lo estábamos haciendo peor que nunca y sin embargo el medidor de actividad nos daba el mejor tiempo de todos.
Moraleja: Nuestra percepción se alimenta de pensamientos y sentimientos y nos da una evaluación en base a todo lo que pasa por nuestra cabeza. Sin embargo, nuestro cuerpo siempre nos da el mensaje de lo que es. Y dándonos una información tan real, ¿porque será que le escuchamos tan poco? Quizá será porque estamos tan desconectadas de él constantemente que no sabemos ni escucharle, ni cuidarle y mucho menos amarle tal y como es....
Os propongo uniros a nuestro reto y comenzar a tomar conciencia y poner en práctica sobre todo aquello que contribuye a construir NUESTRO PROPIO BIENESTAR...

ps. hoy hemos vuelto a superar la marca tanto de distancia como de velocidad... Y todo esto sin escuchar el cuerpo...!

miércoles, 16 de julio de 2014

La habilidad más importante a desarrollar: aprender a estar agustito contigo mismo


Si eres como yo, te pasarás el día entero aprendiendo y emprendiendo nuevas aventuras - jardinería, manualidades, cocina, deportes, etc. Personalmente creo que esto es genial y algo muy estimulante. Porqué experimentando, uno nunca se equivoca, y la libertad de probar es siempre gratificante
Pero de todas estas ¿cuál creo yo que es la habilidad más importante que debemos desarrollar?
Atención Plena y Compasión. Van de la mano, es cierto, pero ahondar específicamente en Compasión y consecuentemente en Auto-Compasión es muy importante en esta sociedad tan competitiva que vivimos.
Pero definamos antes la Compasión de la que hablo, que poco o nada tiene que ver con el término acuñado por contextos monoteístas referente a sentir pena por algo o alguien. Cuando hablo de Compasión, me refiero a tomar conciencia de nuestro sufrimiento, darle espacio, permitirlo, y darnos cariño ante nuestro dolor, que puede ser físico, emocional o sentimental. Y que es inherente al ser humano.
Según define el diccionario, la compasión es un sentimiento humano que se manifiesta a partir y comprendiendo el sufrimiento de otro ser. Más intensa que la empatía, la compasión describe el entendimiento del estado emocional de uno mismo o de otro, y es combinada con un deseo de aliviar, reducir o eliminar por completo tal sufrimiento. Es decir, implica acción.
¿De que sufrimiento estamos hablando? Estrés, ansiedad, tristeza, soledad, depresión, inseguridad, miedo, decepción, impotencia, celos, odio, frustración, ira, vergüenza, obsesión, duelo, injusticia, deseo de querer ser diferentes, no aceptación, necesidad de tener siempre la razón… y un sin fin de cosas más, que diariamente nos provocan sufrimiento a diferentes niveles. Muchos tipos diferentes de sufrimientos pero en realidad, un solo motivo: querer ser diferentes de cómo somos, querer que las cosas sean diferentes de lo que son o de lo que puedan llegar a ser.
¿Por qué esto afecta todo?. Si no estamos agustito con nosotros mismos, o nuestro cuerpo, esto nos genera inseguridad. Y empezamos a creer que no somos lo suficientemente buenos. Y empieza a gestarse el miedo a la soledad y el abandono. Y empezamos a hacer un montón de cosas para compensar y esto nos mete en una rueda de insatisfacción permanente y rechazo. Rechazo a nosotros mismos.
Pongamos un ejemplo. Digamos que no estamos contentos con nuestro cuerpo. ¿Que nos provoca todo esto? Si no estamos satisfechos con nuestro cuerpo, puede que acabemos no queriendo mirarlo mucho. Es posible que dejemos de comer para luego acabar comiendo en exceso para después sentirnos peor. E incluso, puede que evitemos hacer ejercicio, para no enfrentarnos a la realidad. Y poco a poco, la ansiedad va creciendo, y extendiendo sus tentáculos a otras áreas de nuestra vida como son nuestras relaciones, entrando en conjeturas e inseguridades. O en el trabajo, donde esta inseguridad que nos viene acompañando últimamente no nos permite tomar decisiones necesarias que requieren confianza y asertividad y esto contribuye un poquito más a nuestra infelicidad. O simplemente buscar un trabajo más motivante donde podamos desarrollarnos con más plenitud porque no nos sentimos lo suficientemente buenos. Nos hacemos una idea, ¿verdad?.
Y ¿por qué somos así?, ¿cómo hemos llegado esto? Bueno, no hay una sola respuesta. Por múltiples razones:
·    Los medios de comunicación, donde vemos a famosos con rostros perfectos, cuerpos divinos que la mitad de las veces están maquillados con photoshop y acabamos comparándonos con una ilusión de algo que aunque fuese real, no es nuestra vida, y que en el fondo no sabemos que hay detrás.
·    Comentarios de otros. Amigos, familiares, compañeros de trabajo, incluso los cónyuges podrían hacer un comentario aparentemente inocente sobre nuestro cuerpo o el del vecino que nos hace sentir mal. Estos comentarios por mínimos que sean, pueden llegar a golpear nuestra autoestima fuertemente, sobre todo si es de alguien realmente cercano y querido. Incluso puede ser que simplemente esa persona esté teniendo un mal día y simplemente nosotros, de una forma inconsciente, los hacemos nuestros a sangre y fuego.
·    Historias de nuestra infancia. En la infancia, tal vez nuestros padres hicieron algunos comentarios acerca de nosotros que nos hicieron sentir inadecuados. O su exigencia por nuestra perfección les llevó a nunca estar contentos con nuestros resultados. O nunca estuvieron conscientemente presentes. O quizá su divorcio. Ahora bien, esto no significa que dejemos gobernar nuestras vidas por estos acontecimientos, pero si debemos ser conscientes de que están ahí, y aprender a lidiar con ello.
·    Dificultad para asumir fracasos. En este mundo de exposición a través de las redes sociales donde parece que la vida de los demás es perfecta, cuando metemos la pata, comentemos errores o fallamos, nos solemos tratar muy duramente. Honestamente, todo el mundo lo hace, pero cuando lo hacemos nosotros, nos tomamos demasiado en serio. Y esto nos lleva a cometer mas errores por la presión, perjudicando seriamente nuestra valoración personal.
·    Salud. Podemos sentirnos bien con nuestro cuerpo, pero darnos cuenta de que el exceso de peso puede conducir a tener problemas de corazón o diabetes en el futuro, por lo que tiene sentido que hagamos algo para perder peso. No porque nos queramos parecer a los famosos sino simplemente por el placer de cuidarnos y sentirnos sanos.
·    Bucle de pensamientos negativos. Un mal pensamiento lleva a otro, y luego a otro, hasta que acumulamos un montón de pensamientos negativos que se convierten en nuestra propia imagen. Esta auto-imagen negativa puede afectar a todo lo que hacemos. Pero esta imagen que hemos creado de nosotros mismos y estos pensamientos negativos no somos nosotros, son eventos que suceden dentro de nosotros temporales, que van y vienen. Podemos hacer frente a ellos, y transformarlos en pensamientos positivos, de gratitud, de felicidad. 
Estas son sólo algunas de las razones que nos ayudarán en la primera fase de toma de conciencia. Y, una vez que tomamos conciencia, ¿que hacemos con todo esto?
¿Cómo entrenar la habilidad de estar agustito contigo mismo?
¿Por donde empezamos? La respuesta simple es práctica. La respuesta complicada es que lleva un tiempo, debido a que nuestra propia imagen no se deformó en una sola noche y no se puede cambiar de la noche a la mañana. Pero no pasa nada. Centrémonos solo en el momento presente y lo demás vendrá sobre la marcha.
Yo no te puedo dar una guía completa para aprender a amarte a ti mismo, ya que ocuparía un libro, y yo todavía estoy aprendiendo, pero si algunos puntos por donde comenzar:
·     Toma conciencia de tu película mental. Todos tenemos una película (tal vez una serie completa) que se está reproduciendo dentro de nuestras cabezas sobre nosotros mismos, donde somos absolutos protagonistas en la sombra. Por lo general, no somos conscientes de ello, pero sucede constantemente. Y el guión de esta película es acerca de lo que creemos que somos: que si tengo el estómago flácido, que si estoy gordo, que si no soy disciplinado, que si no soy digno de ser amado, que si no soy bueno en nada, etc., etc., etc. Es importante prestar atención cuando esta película se pone en marcha ya que afecta a todo lo que hacemos. Y darnos cuenta de que esta película no somos nosotros si no un juego más de nuestra cabecita. Darnos cuenta nos ayuda a entender, tomar conciencia y hacer algo para cambiar este dialogo.
·     Empieza a escribir un nuevo guión. Esta nueva película reemplazará la que sigue sonando en tu cabeza. Para ello, basa esta nueva película en la realidad, no en los miedos de la infancia o los sueños imposibles o comentarios de los demás. A cambio, este guión debe basarse en el hecho de que eres una persona estupenda, buena gente, maravillosa, incluso cariñosa, amable, bella y apasionada. Quizá no sientas todavía todo esto, pero ayúdate de la opinión de tus seres cercanos y queridos. Y con sus comentarios y tu intuición, comienza a escribir el guión de tu nueva película.
·     Conscientemente pon la nueva película en marcha. Aprende a reconocer cuando el antiguo guión se pone en marcha, y a apagarlo. Coloca la nueva película en el proyector en su lugar, y diviértete. Practica esto como si de una nueva religión se tratase, con perseverancia. Verás como mejoras poco a poco con la práctica y si hace falta, pon recordatorios a tu alrededor para que no se te olvide.
·     Aprende judo mental. Habrá cosas que vienen que tratarán de atacar tu nueva película. Comentarios de los amigos, famosos, cosas que ves en Facebook. Cuando te invadan, aprende a esquivarlos y deja que pasen de largo. Y si hace falta, dales un pequeño empujón, con un pensamiento como, “Ese comentario no se trata de mí, se trata de ti.”. Y mándale un abrazo mental a esa persona, cosa o evento porque probablemente esté teniendo un mal día.
Tú ya eres perfecta tal y como eres - sólo tienes que darte cuenta de ello. Tu esencia interna es pura, perfecta ya, ahora, tal y como es. Tienes todo lo que necesitas dentro. Tu gran tesoro. Sólo tienes que practicar, como si fuera la cosa más importante en tu vida, porque en muchos sentidos, lo es.
     ‘Tú mismo, tanto como cualquiera en el universo entero, mereces tu amor y afecto.’ ~ Buddha