domingo, 21 de febrero de 2016

CEGADA POR LA LUZ DE LA NEVERA, por Char Wilkins

El otro día entré en casa, me dirigí directamente a la nevera y abrí la puerta. Madre mía, todo estaba tan luminoso ahí dentro que me deslumbré.
Cerré la puerta otra vez, pero algo dentro de mi me hizo volver a abrirla. Realmente sentía que necesitaba comer algo…

¿Qué quería?  ¿Qué necesitaba?  Recorrí una a una las estanterías de cristal repletas de comida con la esperanza de dar con lo que necesitaba comer. Necesitaba algo más que aire fresco y luces brillantes pero… pero nada en esas estanterías parecía satisfacer mi necesitad. No se si sabes a lo que me refiero.
Necesitaba algo en ese momento. ¿Por qué no podía ver lo que era? Había sido uno de esos días en que todo el mundo necesita algo de mí: mi atención, mi firma, mi decisión, mi tiempo… Cerré la nevera de un portazo, y todavía con mi mano sujetando e mango de la puerta como si fuera la linea de mi vida.
Estaba a punto de volver a abrir la puerta de nuevo cuando me di cuenta de que sentía enfadada: necesitaba comer algo y sin embargo nada de lo que había ahí me apetecía, nada era lo suficientemente bueno, nada parecía consolarme.
No sabía lo que quería comer…

¿Alguna vez os habéis encontrado mirando fijamente a la nevera, la despensa, las estanterías de una gasolinera o recorriendo de arriba abajo los pasillos del supermercado, queriendo algo, pero sin encontrar nada que os satisfaga?
¿Abriendo y cerrando la puerta de la nevera?. Cerrando de un portazo a las puertas de la despensa. De pie en un pasillo mirando a la bolsa de patatas que acabas de coger, y poniéndola de nuevo en su sitio, para a continuación, coger la siguiente bolsa y observando sus colores brillantes pero casi sin realmente ver, para continuación, volver a ponerla en su sito. Buscando algo para comer, sin sentir  hambre si quiera.

¿De verdad? ¿Nunca te has sentido así? ¡venga! ¡todo el mundo ha hecho esto en algún momento!
Cuando estamos cansados, enojados, tristes, aburridos, muertos de miedo o de vergüenza buscamos comida para calmar, sentirnos mejor, desconectar, recompensar, castigar o distraernos.
Este uso equivocado de la comida no es tan único, porque somos seres humanos y este es un hábito de la mente.

Mi colega Jan Chozen Bays impartió recientemente un curso de Alimentación Consciente en la red de 6 semanas patrocinado por Shambhala Press. Al responder a una persona que escribió que se iba a quedar delante de la nevera hasta que sus ojos y su boca se pusieran de acuerdo en determinar cual era ese “sublime bocado”, Jan escribió: "Una cosa en la que siempre me pillo y que me hace mucha gracia es hurgando en todos los rincones de la despensa sin encontrar nunca nada que me apetezca“.
Y ese es mi aprendizaje, que no lo encuentro porque lo que siento en ese momento no es hambre celular si no otra cosa.
Y acto seguido chequeo… ¿quién realmente tiene hambre aquí?
Char Wilkins, EE.UU.
(Traducido por Cuca Azinovic)
me-cl blog 

Para terminar, os invito a ver un vídeo de 10 minutos que os ayudará a profundizar en este hábito que hemos construido inconscientemente...

Buena semana a todos!

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