El otro día entré en casa, me dirigí directamente a la
nevera y abrí la puerta. Madre mía, todo estaba tan luminoso ahí dentro que me
deslumbré.
¿Qué quería?
¿Qué necesitaba? Recorrí
una a una las estanterías de cristal repletas de comida con la esperanza de dar
con lo que necesitaba comer. Necesitaba algo más que aire fresco y luces
brillantes pero… pero nada en esas estanterías parecía satisfacer mi necesitad.
No se si sabes a lo que me refiero.
Cerré la puerta otra vez, pero algo dentro de mi me hizo
volver a abrirla. Realmente sentía que necesitaba comer algo…
¿Qué quería?
¿Qué necesitaba? Recorrí
una a una las estanterías de cristal repletas de comida con la esperanza de dar
con lo que necesitaba comer. Necesitaba algo más que aire fresco y luces
brillantes pero… pero nada en esas estanterías parecía satisfacer mi necesitad.
No se si sabes a lo que me refiero.
Necesitaba algo en ese momento. ¿Por qué no podía ver lo
que era? Había sido uno de esos días en que todo el mundo necesita algo de mí:
mi atención, mi firma, mi decisión, mi tiempo… Cerré la nevera de un portazo, y
todavía con mi mano sujetando e mango de la puerta como si fuera la linea de mi
vida.
Estaba a punto de volver a abrir la puerta de nuevo
cuando me di cuenta de que sentía enfadada: necesitaba comer algo y sin embargo
nada de lo que había ahí me apetecía, nada era lo suficientemente bueno, nada
parecía consolarme.
No sabía lo que quería comer…
¿Alguna vez os habéis encontrado mirando fijamente a la nevera, la despensa, las estanterías de una gasolinera o recorriendo de
arriba abajo los pasillos del supermercado, queriendo algo, pero sin encontrar
nada que os satisfaga?
¿Abriendo y cerrando la puerta de la nevera?. Cerrando
de un portazo a las puertas de la despensa. De pie en un pasillo mirando a la
bolsa de patatas que acabas de coger, y poniéndola de nuevo en su sitio, para
a continuación, coger la siguiente bolsa y observando sus colores brillantes
pero casi sin realmente ver, para continuación, volver a ponerla en su sito.
Buscando algo para comer, sin sentir hambre si quiera.
¿De verdad? ¿Nunca te has sentido así? ¡venga! ¡todo el mundo ha hecho esto en algún momento!
Cuando estamos cansados, enojados, tristes, aburridos,
muertos de miedo o de vergüenza buscamos comida para calmar, sentirnos mejor,
desconectar, recompensar, castigar o distraernos.
Este uso equivocado de la comida no es tan único, porque
somos seres humanos y este es un hábito de la mente.
Mi colega Jan Chozen Bays impartió recientemente un curso
de Alimentación Consciente en la red de 6 semanas patrocinado por Shambhala
Press. Al responder a una persona que escribió que se iba a quedar delante de
la nevera hasta que sus ojos y su boca se pusieran de acuerdo en determinar
cual era ese “sublime bocado”, Jan escribió: "Una cosa en la que siempre
me pillo y que me hace mucha gracia es hurgando en todos los rincones de la
despensa sin encontrar nunca nada que me apetezca“.
Y ese es mi aprendizaje, que no lo encuentro porque lo
que siento en ese momento no es hambre celular si no otra cosa.
Y acto seguido chequeo… ¿quién realmente tiene hambre
aquí?
Char Wilkins, EE.UU.
Para terminar, os invito a ver un vídeo de 10 minutos que os ayudará a profundizar en este hábito que hemos construido inconscientemente...
Buena semana a todos!
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