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domingo, 21 de febrero de 2016

¿QUÍEN TIENE HAMBRE AHÍ? (parte I)


Comer es un acto que tenemos que realizar entre tres y cinco veces al día para sobrevivir y por muchas diferentes razones, casi siempre realizamos de modo automático y con cierta rapidez, a no ser que tengamos una comida de trabajo, donde lo que menos importa es la comida.

Y en muchos casos este automatismo nos lleva a comer sin saber ni qué ni por qué comemos, sin embargo, si prestamos atención al acto en si, podemos descubrir que comer es uno de los actos más enriquecedores y sensuales que realizamos al día, aunque sea una simple ensalada.

Mi querida maestra y amiga, Jan Chozen Bays, gran profesional de Alimentación Consciente, describe en su libro COMER ATENEOS el hambre en 8 tipos. Si habéis leído bien. Tenemos 8 tipos de hambre y estos son: hambre visual, hambre olfativa, hambre bucal, hambre auditiva, hambre estomacal, hambre celular, hambre mental y hambre de corazón.

El hambre visual, es ese hambre que aparece cuando ya hemos terminado de comer y estamos bien, relativamente llenas, y aparece el carrito de los postres, y ¡¡¡tachan!!! Hay una maravillosa tarta de zanahoria con su frost mirándome cara a cara y diciéndome “cómeme” “cómeme”. O cuando por ejemplo llegamos a un restaurante y mientras estamos decidiendo qué pedir, pasa un delicioso plato por delante con una melanzzane gratinada humeante recién salida del horno. A lo mejor en ese momento nuestro hambre celular es normal, sin embargo se nos antoja ese plato por los ojos.

Ya conocéis esa famosa frase de las madres “es que mi hijo come por los ojos”. Y muchas veces decidimos la cantidad que vamos a comer por los ojos. Miramos al plato que esté razonablemente lleno y ¡voila!. Pues bien, ese es el hambre visual.

Y la vista ¿de que más se alimenta además de comida?. Pues bien, la vista se alimenta de belleza. Lo que la atrae es la belleza, la armonía, los colores, la variedad, las diferentes texturas, etc. Prepararnos la comida bonita en el plato, alimenta nuestra vista. Ponernos una mesa bonita, con mantel, una vajilla bonita, e incluso alguna flor o vela, como si fuese a venir un invitado a comer, nos alimenta la vista. Y nos predispone a comer de otra manera. Pero voy más allá de la comida. Pararnos a contemplar un árbol o el las hojas en otoño alimentan nuestra vista. Nos calma, nos trae armonía al cuerpo y además de alimentar nuestra vista, alimentamos también nuestro corazón.

Después está el hambre olfativa. El olor nos evoca sensaciones que van mucho más allá de la comida. ¿Cuántas veces vamos a comer a casa de nuestra madre y ya podemos oler las hoyas desde el ascensor? ¿Olemos comida u olemos hogar? O ¿cómo identificamos los olores de la canela y galletas de jengibre cuando se va acercando la Navidad? . La nariz es un elemento clave para ensalzar la comida. Y bien lo podemos comprobar cuando estamos resfriadas o con gripe. La comida apenas nos sabe a nada, por lo que llegamos mucho antes al aburrimiento. El olor es el preámbulo necesario para el sabor o el gusto. Sin olor, se pierden las sutilezas del sabor y la comida se convierte en algo que hay que consumir porque el cuerpo necesita combustible. Y esto lo sabe la industria alimentaria, y bien se encargan de potenciar ciertos olores que saben que nos animarán a comer más.

Por lo cual, si en cada bocado nos paramos a apreciar todos los matices diferentes de la comida, apreciando, las especies, las hierbas, el contraste de los olores, nos ayuda una vez más a alimentar nuestro olfato, a ensalzar bocado a bocado la comida deliciosa que tenemos delante y, como no, de alguna forma, acabaremos también alimentando nuestra alma.

Y ahora pasaremos hablar del hambre bucal. Una de las hambres más demandantes, por decirlo de alguna manera. Es el deseo de la boca de sensaciones placenteras. Y estas varían dependiendo de la persona y del entorno, tradiciones culturales, condicionamiento, etc.

Pero hay algo que caracteriza a la boca en concreto que es el principal foco de placer. En la boca se encuentran las cinco diferentes papilas gustativas. El dulce, salado, ácido, amargo y el umami, un sabor que se identifica con lo proteico o aminoácidos. Cinco estímulos diferentes que cuando entra algo de comida o bebida en la boca se ponen todos en marcha. Yo lo identifico como un grupo de música. Todos tocan sus piezas y todos complementa y acaban componiendo una melodía única y muy placentera si estamos conectados a ella. La batería, el bajo, la guitarra, los teclados y la voz. Todos componiendo al unísono un momento que puede ser realmente placentero. Pero la mayoría de las veces, cuando estamos comiendo, estamos más conectados a lo que vamos a poner en el siguiente tenedor que lo que está pasando en la boca. Es decir al hambre visual, que al bucal. Por lo cual nos perdemos la esencia de la melodía. Lo más importante.

Por otro lado, como la boca está muy acostumbrada al estímulo, cuando no lo tiene se aburre pronto y está siempre buscando algo nuevo. Es decir, si por la boca fuese, no pararíamos nunca de comer pasando de un sabor a otro que la mantuviera entretenida.

Si queremos sentirnos satisfechos al comer, la mente ha de ser consciente de lo que sucede en la boca. En otras palabras, si quieres disfrutar de una fiesta en la boca, debes de invitar la mente al banquete. Traer la conciencia. Estar conectada. Y estar atenta pues la boca siempre pide una segunda ración. Y una tercera. Y una cuarta, sobre todo si los sabores son cambiantes.

La clave para satisfacer el hambre de boca está en estar presentes en la fiesta que hay en ella. Esto significa situar al concentración de la mente en la boca y abrir la conciencia a todas las texturas, movimientos, olores, sonidos y sensaciones gustativas al comer y beber. En definitiva, comer con consciencia y curiosidad.

Y por último en esta entrega, vamos a hablar del hambre estomacal. ¿Qué señales emite el estómago cuando tiene hambre? Hay gente que dice que el estómago habla, que gruñe, otras que hay una sensación de vacío, como un agujero que necesita ser rellenado. Otra experimentan opresión. Y casi todos coinciden en que se trata de sensaciones poco agradables. Y esto está bien, pues si no recibiéramos señales de que tenemos hambre, podemos morir. La historia aquí es que el estómago no nos da ese tipo de señales. El estómago da señales de plenitud (estar lleno) o vacío. Que no necesariamente tienen que ver con el hambre celular. Ese hambre que sentimos si hemos desayunado a las siete de la mañana y son las cuatro de la tarde y todavía no hemos probado bocado.

La idea de que el estómago nos avisa de cuando tenemos que alimentarlo no es correcta. En realidad, somos nosotros los que le decimos al estómago cuándo tener hambre. Y esto se produce a través de nuestros hábitos alimentarios. Cuando comemos tres comidas al día siguiendo horarios regulares, el estómago se condiciona a esperar comida en esos momentos. Prueba de ello son esas personas que hacen ayunos más de tres días. Está comprobado que ahí, los retortijones y gruñidos estomacales desaparecen. Lo que es mucho más importante y fundamental es que aprendamos a sentir el hambre celular o corporal. Ese hambre que nos indica que estamos bajos de azúcares, minerales y nutrientes y que a nuestro cuerpo se le está acabando la batería o gasolina para poder realizar la siguiente tarea. Por ello es muy importante una vez más estar conectados con las señales de hambre de todo el cuerpo, no solo las del estómago.

Si al estómago lo llenamos de palomitas y una bebida de cola en el cine, se sentirá lleno, pleno. Sin embargo nuestro cuerpo seguirá echando en falta minerales y nutrientes para poder realizar la siguiente tarea y de ahí viene muchas veces el nos sentirnos con fuerzas o demasiado cansados.

Y por otro lado, es conveniente distinguir entre el hambre estomacal y el hambre emocional, pues ambos suelen tener los mismos síntomas físicos en el cuerpo. La ansiedad y preocupación, en muchos casos se manifiestan físicamente en el estómago. Si no estamos bien conectadas con lo que nos está pasando, podemos confundirlo y esto nos llevará a comer sin necesitarlo realmente. Y de ahí puede surgir la culpa y la vergüenza por haber comido en exceso, con la única intención de aliviar un malestar creyendo que la solución está en el estómago.

Para ello, lo mejor sería sentarnos y ocuparnos de nosotros mismo de manera adecuada. Trabajando con la ansiedad desde su lugar de origen. Agradeciendo al estómago las señales que nos envía de que algo no va bien, pero ocupándose del problema en su lugar de origen. 

Por todo esto, lo más importante siempre es estar consciente, presentes y conectados con nuestro cuerpo, pues desde ahí, se vivirá con mucha más riqueza e intensidad todo lo que hagamos.

En la próxima entrega hablamos del hambre celular, mental y sobre todo, el hambre de corazón, que es el principal motivo de la gran hambruna de este nuestro primer mundo.

jueves, 17 de diciembre de 2015

6 Tips para Evitar los Atracones en Estas Fiestas

LLegan las fiestas Navideñas, los encuentros familiares y las celebraciones y tenía pensado escribir un post para esta época, sin embargo, leyendo el de mi compañera de profesión Lilia Graue, creo que no puede estar mejor expresado, así que en señal de agradecimiento por su años de dedicación y trabajo en Alimentación Consciente, os dejo con su post y con su página web, para que podáis seguir en contacto con ella http://www.mindfuleatingmexico.com/

 


A continuación te comparto algunos tips de Carolyn Coker Ross para evitar los atracones y recuperar el verdadero significado de estas fiestas. 



#1 Evita el pensamiento blanco o negro
Si luchas con tu relación con la comida, es muy probable que te descubras atrapada(o) acercándote a las fiestas como una situación de todo o nada, ya sea haciendo dieta y restringiendo o yendo al otro extremo y teniendo atracones, prometiendo ponerte a dieta después de Año Nuevo. Comer con atención plena es una forma más saludable de acercarte a la comida, permitiendo que la sabiduría de tu cuerpo te diga qué y cuánto comer.


 
#2 Practica comer con atención plena
¿Cuándo fue la última vez que comiste pasta o puré de papa? ¿El postre está prohibido? Muchas personas, especialmente quienes tienen una historia de hacer dieta, se han comprado el “fenómeno de la mala comida” etiquetando ciertos alimentos como ‘buenos’ y otros como ‘malos’. No existen alimentos malos. Lo único ‘malo’ (en el sentido de que hace daño) es la forma en que usamos la comida. Si utilizamos la comida para alejar la tristeza u otras emociones, para adormecernos, para lidiar con el estrés, la depresión o la ansiedad, para castigarnos, la estamos usando para el propósito equivocado. Ningún alimento en ninguna cantidad va a saciar el hambre del corazón.

En vez de establecer reglas rígidas que categorizan a los alimentos como buenos o malos, come los alimentos que disfrutes con atención plena. Esto podría sonar como luz verde para atracarte de ciertos alimentos, pero en realidad comer con atención plena es lo opuesto a como muchas personas comen en las fiestas. Implica bajar la velocidad, poner atención a todos tus sentidos al comer, y percatarte de las señales de hambre y saciedad de tu cuerpo.

Cuando comemos con atención plena, habitualmente comemos menos porque estamos satisfaciendo todos nuestros sentidos – vista, oído, olfato, gusto y tacto. Podemos elegir comer ciertos alimentos reconfortantes, pero estaremos más conscientes de cómo esto se conecta con nuestras emociones. Está bien comer el flan de la abuela y gozar los recuerdos de tu relación con ella, manteniéndote consciente y disfrutando plenamente cada bocado, además del recuerdo.


 
#3 Encuentra formas saludables de nutrir el hambre del corazón
Las fiestas pueden evocar ciertos recuerdos y sufrimientos. Algunas personas están lejos de seres queridos y extrañan los viejos tiempos, mientras que otras luchan con sus relaciones con miembros de la familia con quienes pasan las fiestas. En vez de enterrar tus sentimientos debajo de la comida:

  • Date tiempo y espacio para identificar lo que estás sintiendo
  • Pon atención a cómo tus sentimientos te llevan a comer en exceso
  • Encuentra un lugar o persona para expresar tus emociones en forma segura, sin miedo de juicios ni vergüenza
  • Crea una estrategia de manera anticipada para lidiar con las emociones en situaciones difíciles; por ejemplo, cuando tus familiares o amigos hagan comentarios acerca de tu peso, tus hábitos alimentarios o te presionen a comer
  #4 No hagas dieta
Las fiestas son una temporada en la que es aceptable involucrarse en hábitos poco saludables. Muchas personas “ahorran” todas sus calorías en los días u horas previos a la cena de Navidad o Año Nuevo. Para cuando se sientan a comer, están explotando de hambre y no pueden permanecer en atención plena al comer. Por otra parte, las fiestas son también ocasiones para beber alcohol en exceso, lo cual puede afectar tu capacidad para regular impulsos y discernir de manera clara tus necesidades físicas y afectivas.

Hacer dieta durante esta temporada es el camino idóneo para terminar en un atracón. En vez de saltarte comidas y después comer en exceso, es importante nutrirte escuchando a tus señales internas de hambre y saciedad.


 
#5 Da significado a las fiestas
Es difícil mantenernos ecuánimes durante las fiestas porque han perdido su significado. Si podemos restaurar el sentido, podemos recuperar el gozo y la gratitud de las comidas y celebraciones.

Aún si las fiestas se han tratado sólo de comer y beber desde que eras niña(o), nunca es tarde para crear nuevos rituales que representan quiénes somos ahora. Ya sea cocinar como familia, dar las gracias por la comida (en el boletín pasado te compartí una meditación de gratitud), dar un paseo después de cenar o encontrar gozo en actividades que no giren en torno a la comida serán una salvaguarda contra los atracones.


 
#6 Obtén ayuda para tu trastorno por atracón
Date el mejor regalo en estas fiestas: salud. Es importante reconocer que un trastorno alimentario, como lo es el trastorno por atracón, te aísla de tu familia y amigos, creando distancia emocional. Con el estrés de ciertas emociones y dinámicas familiares complejas, los síntomas del trastorno por atracón con frecuencia empeoran durante estas fiestas.

 

lunes, 27 de octubre de 2014

Un templo llamado CUERPO

 
"La iglesia dice: el cuerpo es un pecado.
La ciencia dice: el cuerpo es una máquina.
La publicidad dice: El cuerpo es un negocio.
El cuerpo dice: Yo soy una fiesta ".-
Eduardo Galeano, Walking Words

Estamos acostumbrados a vivir siempre en la mente y la mente es la que suele regir nuestras vidas. Ayer leía una frase de James Allen que apuntaba: “Has llegado hoy hasta donde tus pensamientos te han llevado, y mañana llegarás hasta donde tus pensamientos te lleven”.
Y es que la mente juega un papel muy importante en nuestras vidas. Los seres humanos nos distinguimos del resto de mamíferos precisamente por nuestro uso de las capacidades mentales.
Sin embargo, quedarnos solo en la mente es vivir la vida de una manera muy limitada. Nuestra mente, y en concreto nuestro cerebro proviene del cerebro reptiliano, donde se encuentra el instinto de autopreservación y agresión, que posteriormente evolucionó al cerebro intermedio donde se haya el sistema límbico y las emociones para acabar en el cerebro racional o neocórtex que hoy en día usamos, donde se procesan todas las tareas intelectuales.
¿Que quiero decir con todo esto? Pues como decía mi profesor de Mindfulness, el Dr. Ronald Siegel: nuestro cerebro (el tuyo, el mío y el de todos) es velcro para lo malo y teflón para lo bueno. Estamos diseñados de serie para protegernos, es decir, atacar o para huir. Y es por esto que pasamos la mayor parte de nuestra vida en lo malo, elaborando sobre las preocupaciones, anticipándonos a lo que pueda pasar, o arrepintiéndonos de lo que fue y de lo que no pudo ser.
Y debido a todos esto, pasamos la mayor parte de nuestra vida haciendo uso de la mente pero se nos olvidan los demás invitados a este baile de la vida. Y el verdaderamente importante, el de honor, es nuestro cuerpo.
Yo vengo de una familia eslava con un carácter bastante fuerte donde todos crecimos con la creencia de “No hay dolor”. Y como yo interpreté desde pequeñita esto, es que hay siempre que tirar para adelante ante cualquier dolencia. Afortunadamente no es que haya tenido muchas enfermedades graves en mi vida, pero siempre he entendido el cuerpo como un vehículo para llegar a donde quería. Si le faltaba gasolina, se la ponía en cualquier estación y a seguir. Revisiones de ITV humana anuales y si todo bien, que solía estar bien, cerraba carpeta hasta el año siguiente.
 Sin embargo, a través Atención Plena (Mindfulness) y de la Alimentación Consciente (Mindful Eating) he ido poco a poco entendiendo que el cuerpo es mucho mas que un vehículo o una talla de vaqueros para poder estar mona.
Gracias a nuestro cuerpo estamos aquí. Sin él, nuestra vida no es vida. Es decir, sin cuerpo, no hay vida. Cuando no funciona, nada a nuestro alrededor funciona. Y cuando funciona, cuando nos sentimos bien, somos capaces de alcanzar la luna con las manos.
Tratar a nuestro cuerpo con amor y cuidado no sólo aumentará nuestro amor propio, sino que nos aportará un subidón de energía. Pongamos atención e intención en lo que le damos a nuestro cuerpo, no sólo porque nos queremos ver bonitas, sino porque nos queremos y nos queremos sentir bien. Alimentar nuestro cuerpo con alimentos ricos en nutrientes nos hará rebosar amor por todos los poros.
Para aprender a escuchar el cuerpo, como con cualquier escucha atenta, hace falta silencio, hace falta provocar momentos de encuentro.
Y ¿Cuándo podemos crear esos momentos de encuentro? Para mi, los tres momentos clave de encuentro con mi cuerpo diarios son a través de la meditación, cuando me alimento y cuando hago ejercicio.
Tanto en la meditación de respiración (Mindfulness) como en la meditación activa (yoga) o cualquier actividad de conciencia corporal, el cuerpo comunica su estado. Cuando a los pocos minutos de sentarme en el zafú consigo acallar la mente, el cuerpo empieza a hablar y los dolores o incomodidades empiezan a surgir. Y el latido del corazón se empieza a oír. Y me va hablando diciéndome lo que necesit para ese día, lo que el día anterior no le dí o de lo que lleva tiempo careciendo.
A través de la alimentación, además de darle el combustible básico que necesita, comprendo que alimentos le saben bien, cuales le sientan mejor y cuales le van a ayudar da sacar el día adelante con energía y buen ánimo.
Cuando se desarrolla una actitud en la cual nos responsabilizamos de la información interna qué proporciona nuestro cuerpo, los hábitos perjudiciales como el sedentarismo o la alimentación desequilibrada se modifican no por "deber" sino para disfrutar de más bienestar interior. Desarrollar una mirada de amor hacia el cuerpo no significa determinar si el cuerpo es bello o es feo, sino volver a casa para cuidar lo que es nuestro, lo que somos y nos vincula a la vida.
Y con la actividad física, en mi caso es la carrera, que es seguramente el momento en el que mayor presión le meto, es cuando mi cuerpo y yo nos volvemos uno y la comunicación es simultanea. La mente muchas veces quiere colarse repitiendo frases como: “ya has hecho mucho hoy” “hoy estás corriendo peor que nunca, no tenías que haber salido de casa” “me siento super pesada” “como me está costando” “no se si parar ya” “total, ya has corrido un día esta semana, no hace falta más”, etc., etc., etc. Pero el cuerpo sigue, silencioso, paso tras paso avanzando. Incluso a veces con mayor rendimiento de lo que mi cabeza puede percibir por todo el ruido mental de mis “saboteadores”, esos pequeños gremlings que todos tenemos que nos invitan a vivir permanentemente en nuestra zona de confort.
 Y aquí me permito insertar las sabias palabras de mi profesor de meditación y yoga, Gustavo G. Diex:
“No te involucres en una competencia contigo mismo, y si así lo haces, nótala y déjala ir. El espíritu del trabajo es el espíritu de la aceptación de uno mismo en el momento presente. La idea es explorar tus límites suavemente, con cariño y respeto a tu cuerpo. No es intentar romper los límites de tu cuerpo por querer transformarlo en un ideal. Eso puede ocurrir en forma natural si mantienes la práctica pero si tiendes a forzarte más allá de tus limites del momento en vez de relajarte en ello, puedes terminar dañándote. Esto simplemente podría hacerte retroceder y desanimarte sobre el mantener la práctica, en cuyo caso podrías encontrarte culpando al trabajo en ved de ver que fue tu actitud de intentar lograr algo la que te llevó a excederte. Ciertas personas tienden a entrar en un círculo vicioso de excederse cuando se sienten bien y con entusiasmo y luego no poder hacer nada durante un tiempo y desanimarse”.
Para esta temporada os propongo que cada una desarrolle su ritual de comunión con el cuerpo, para aprender a quererle y cuidarle como si fuera nuestro bien mas preciado… ¡que lo és!

domingo, 6 de abril de 2014

¿Qué es Mindfulness?


Esta sociedad nuestra es una sociedad muy de modas, algunas vienen y van y otras, sin embargo, viene para hacer hueco y quedarse, para aportarnos, para mejorar nuestras vidas, y ese es el caso de Mindfulness o Atención Consciente.

Desde hace algunos años se viene hablando de Mindfulness como herramienta para mejorar nuestra vida y reducir el estrés. Así que os invito a que exploremos qué es Mindfulness, sus beneficios y como podemos incorporarlo a nuestras vidas poco a poco.
El significado de Mindfulness es Atención Consciente al momento presente, sin juicios, con curiosidad y aceptación. Parece sencillo, ¿verdad?. Sin embargo llevarlo a la práctica no lo es tanto. Los seres humanos, sin entrenamiento y  por naturaleza, nos pasamos la vida planificando el futuro o recordando con añoranza el pasado. Y no hay problema alguno con esto, si son pequeños viajes de ida y vuelta. El problema es cuando nos quedamos enganchados tanto en la ansiedad del futuro como en la tristeza de un pasado que se ha ido. Ahí es cuando nos perdemos lo que realmente tenemos delate, el aquí y el ahora, que es lo único que existe.
Entrenar la atención plena o estar presente aquí y ahora, significa en muchos casos no perderse pequeños grandes momentos que tenemos diariamente a nuestro alcance como la sonrisa de nuestro hijo cuando descubre la lluvia o el regalo de una puesta de sol. Significa estar plenamente conectados con la gente que nos rodea. Significa identificar momentos personales de tensión o impulsos para gestionar nuestros hábitos. Significa accionar en vez de reaccionar ante nuestras emociones, sentimientos o pensamientos. Significa ser conscientes de nuestras resistencias, pensamientos negativos y juicios lo que nos empodera ante ellos. Significa saborear la vida.
A la atención plena se llega entrenándonos, con paciencia, cariño, dedicación y perseverancia. Los espacios para la meditación son importantes, y ayudan a profundizar en la práctica, pero Mindfulness hace mucho hincapié en llevar la plena conciencia a todos los momentos de nuestro día para alejarnos del ruido constante en el que se enreda nuestra mente sin darnos cuenta. Es decir, por poner un ejemplo, cuando estamos duchándonos, estamos plenamente conscientes del despertar de nuestro cuerpo al agua, de las sensaciones, de la temperatura del agua, del olor del jabón, etc., en vez de engancharnos en lo que tenemos que hacer cuando lleguemos a la oficina y de ahí conectar con lo que nuestro compañero nos dijo el día anterior y empezar a especular si realmente dijo lo que quería decir o estaba insinuando que… Bla, Bla, Bla, Bla…. ¿Os suena?. Por lo cual salimos ya con mal cuerpo, anticipándonos al encuentro con dicho compañero y depositando una preocupación gratuita en nuestra mente, que nos lleva a olvidar coger de la nevera nuestra comida lo que va a hacer que tengamos que recurrir a la cafetería de enfrente y comer esos bocadillos horrorosos que me van a hacer saltarme la dieta, despertar la culpa y concluir que soy un desastre porque no tengo fuerza de voluntad.
Otra práctica muy necesaria en nuestros tiempos es la atención plena en la comida. La mayor parte del tiempo comemos sin ser conscientes de lo que estamos haciendo. El acto que nos da la vida es al que menos atención prestamos. Y esto acarrea serios problemas de salud como la obesidad, entre otros.

Mientras que otros animales comen cuando tienen hambre y paran cuando están satisfechos, nosotros hemos desarrollado una extraña relación con la comida. Reaccionamos a la visión de la comida con un impulso incontrolado a veces. Nos perdemos las sensaciones más sutiles del estar lleno y anticipamos el siguiente bocado sin ser conscientes. Puede que con las sensaciones agradables del comer, busquemos un consuelo o distracción de pensamientos o sentimientos desagradables, de vacío. Comer en exceso se vuelve algo temporalmente reconfortante que suele desembocar en problemas de salud.
Cuando traemos la atención plenamente consciente al proceso de comer, percibimos la experiencia mas profundamente. Vemos las relaciones que hay entre pensamientos, sentimientos y comida. Nos volvemos mas capaces de reconocer y tolerar las emociones en vez de volvernos a la comida automáticamente para sofocarlas. Podemos incluso apreciar los esfuerzos de la naturaleza y los hombres por producir, transportar y preparar los alimentos.
Deja de ser un acto automático, cuasi animal, para convertirse en un acto de nutrición y de amor hacia lo mas sagrado que tenemos, nuestro cuerpo y en definitiva nuestro ser.
Sosegar nuestra mente a través de la meditación formal (práctica sentada) o la meditación informal (en las actividades de nuestro día a día) transforma de una manera casi mágica nuestra mente. El no estar constantemente conjeturando o recordando o anticipando, crea un espacio, un vacío inconsciente que nos permite ver y aceptar las cosas como son, sin pasarlas por el tamiz de nuestras experiencias pasadas.
Nos permite estar en lo agradable, como puede ser apreciar un amanecer o en lo desagradable, como es el dolor de una ruptura, sosteniéndolo. No salir huyendo a la nevera para “compensar” este dolor hace que éste disminuya poco a poco dando lugar a una serenidad muy valiosa para la recuperación.

Y ahora que ya sabemos que es Mindfulness y sus beneficios, os propongo un plan para, como diría el maestro Thich Nhat Hanh, disfrutar “el milagro de vivir despiertos” por un mes y observemos qué surge en nosotros.
·     Semana 1: La meditación sentada. Esta primera semana , nos sentaremos durante unos 2 minutos al día. Sólo tienes que encontrar un lugar tranquilo para sentarte, quizá a primera hora de la mañana. ¿Qué haces cuando te sientas? Concentra la atención en la respiración. Observa tu respiración, cada inhalación y exhalación y como afecta a tu cuerpo. Y si vienen los pensamientos, déjalos estar sin mas, volviendo tu atención al acto de la respiración.
·     Semana 2: Comer Consciente. Esta segunda semana , vamos a continuar nuestra práctica sentada durante 2 minutos al día (se puede prolongar algunos minutos más si estás obtenieniendo buenos resultados y no has faltado algun día), pero vamos a añadir una segunda práctica: elije una comida en la que pondrás tu atención consciente al menos durante los dos primeros minutos. Visualiza, huele, saborea, mastica y respira entre tenedor y tenedor. Trata de hacer la misma comida cada día (merienda, por ejemplo). Esta práctica utilizará lo que has aprendiendo en la meditación sentada , y lo expandirá al entorno de nuestro día a día.
·     Semana 3: Meditación Caminando. Esta semana, continuarás las dos primeras prácticas, y añadiremos una tercera: una breve sesión de meditación caminando. Elije un trayecto que haces a diario - desde tu coche al trabajo, por ejemplo, o desde casa a la parada de autobús. Si trabajas en casa, puedes caminar alrededor de su casa, o salir a la calle durante unos minutos. El paseo puede durar sólo un par de minutos si andas escasa de tiempo. No hay necesidad de prolongarlo mucho, tipo 20 minutos o algo así. Durante esta sesión , podrás practicar la atención plena mientras caminas, lo que quiere decir, que estés atento a tu manera de caminar, el contacto con el suelo, tu respiración en moviento, el entorno en el que te mueves, el estado de tu cuerpo. Esto te ayudará a ser consciente durante las diferentes actividades físicas.
·     Semana 4: Sesión stop multitarea. Esta semana seguimos las tres prácticas anteriores, y haremos frente a un area un tanto difícil para nosotros, la multitarea. Vamos a tomarnos tan sólo de 2-5 minutos al día para hacer una sóla cosa. Y utilizaremos toda nuestra concentración en esa solo cosa. No facebook, no movil, no internet, todo nuestro universo se reducirá a esa sola tarea por dos o cinco minutos. Con el tiempo, ésta práctica puede expandirse a toda tu jornada laboral, pero por ahora nos centraremos en una pequeña sesión de cada día.

Con estos pequeños ejercicios, podemos notar una gran diferencia en tan sólo unos días. Podemos tomarlos como una obligación o como un reto con el que aprender cada día. Y a nosotras nos gustan los retos, ¿verdad?